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Mi primera entrada de blog

¿Por qué quiero escribir este blog?

“…considero una urgencia moral mantener conversaciones sinceras acerca de educar  de otro modo a los hijos de crear un mundo más justo para hombres y mujeres.”

— Chimamanda Ngozi Adiche

Desde pequeña que encuentro mucho placer en la escritura. Tengo grandes recuerdos creando historias, así como también el poder volcar mis pensamientos en un diario hallando consuelo en la palabra escrita. Algunos seres queridos, que han leído lo que escribo, me han llenado de alegría disfrutando de mis narraciones. Pero claro, que nunca me he animado a compartir más allá de un círculo pequeño de personas que quiero. Luego, durante años, por la complejidad de la vida, me he desencontrado con esta parte de mí. Y hace un tiempo, debido a una búsqueda de esas ¨cosas que me hacen bien¨ volví a toparme con esta habilidad que estaba escondida en alguna neurona dormida. 

En una charla reciente con una mujer a quien admiro enormemente y considero mi Gurú en muchos aspectos, surgió la pregunta ¿dónde te ves en unos años? De esta interrogante, que desde hace tiempo me hago para ir proyectando mi camino, apareció una maravillosa respuesta “tranquila y disfrutando de escribir” La simplicidad de esta frase me hizo darme cuenta las trabas que uno mismo se pone, que lo complejo en la vida lo creamos nosotros. Así de fácil, mi cerebro  dijo “¡Claro!” y empecé a jugar con esta idea, a pensar si es lo que hago diariamente, si es un hábito que disfruto y si esto me ayuda a reflexionar, a aprender y a tener bienestar ¿por qué no hacerlo? ¿qué es lo que me impide llevar esto a acabo? Y no encontré otras respuestas más que seguí haciéndolo y, como dije antes, solamente soy yo la que no lo permite.

He leído un un libro recientemente, donde la autora describe cómo “las palabras que escribió en su cuaderno de anotaciones, el cual llevaba a todos lados, recurriendo a él muchas veces en los últimos dos años, siempre pidiéndole ayuda – siempre encontrándola, aún cuando estaba muerta de miedo o tristeza. Y ese cuaderno, caminó conmigo a través del amor prometido, fue simplemente la única razón por la que sobreviví los siguientes años de mi vida” (Gilbert, 2007).

Así que ¿para qué escribo? tiene una respuesta que se fue construyendo sola. Porque la escritura es mi ancla, es aquello que constantemente me ayuda a mejorar y se convierte en un hábito en mi vida, que como bien dice Stephen Covey es la intersección entre el conocimiento, la habilidad y el deseo. Estos tres componentes están presentes sé escribir, me considero bastante hábil en esta área (aunque siempre en el camino  de mejora continua) y claramente quiero hacerlo.

Claro está que al contestar una pregunta, mi mente científica no puede evitar formular más, lo que lleva a responder la siguiente pregunta del título de mi primer posteo – Está bien, me convence la explicación de para qué escribir pero no entiendo  el ¿por qué publicarlo y escribir un blog? – Y la respuesta llega, como muchas en mi vida, luego de meditar, reflexionar, leer y obviamente escribir. 

La vida es una aventura que nos lleva a aprender, quien vive sin aprender algo nuevo todos los días no está viviendo plenamente. Aprendemos de la lectura, de ir a las diferentes instituciones educativas y lo que es más importante aprendemos de otros. Porque no hay aprendizaje sin, en algún punto contar con alguien que enseñe o que nos facilite comprender. Compartir lo que aprendes y lo que sabes es una obligación porque “aprender y no hacer, es como no aprender. Saber y no hacer, es como no saber realmente” (Covey, 2016). Así que he decido en este nuevo año, comenzar a tener un rol más activo en las tareas de aprender, saber, hacer y compartir con quien quiera leer. Porque además de ser mi obligación como persona en este mundo “…considero una urgencia moral mantener conversaciones sinceras acerca de  educar de otro modo a los hijos de crear un mundo más justo para hombres y mujeres” (Adiche, 2017). Esta frase me moviliza, me emociona, me hace pensar y actuar para llevar esta misión de dar mi mejor esfuerzo todos los días para educar a mis increíbles hijos para ser mejores personas para este mundo. Y al venir de una familia de educadores, me propongo que esto no quede sólo en mis hijos y en mí misma, esta “urgencia moral” debe propagarse a nuestros adolescentes, a los jóvenes y no olvidar a todos los adultos.

Hace unos meses meses hicieron otra de esas preguntas para pensar, que dejó mi mente revolucionada “¿qué es eso que te hace vibrar?” En ese momento no la pude contestar, pero este párrafo de Adiche, encontrado a través de la lectura, la maravillosa lectura que me brinda tanto me ayudo a empezar a construir una respuesta: aprender y educar son las cosas que me hacen vibrar, poder dejar mejores personas para este mundo, construir una sociedad más justa es lo que le da un propósito a este camino que me ha tocado recorrer. Poder compartir mis reflexiones con mis hijos, seres queridos y conocidos, así como otros seres por conocer es la respuesta a por qué escribir este blog. 

Espero disfruten la lectura de mis ideas y aprendizajes, de mis hallazgos de todas esas “cosas que me hacen bien”, esperando que puedan tomar y mejorar las propuestas que aquí publico, para de ese modo seguir construyendo juntos. Porque después de todo, si bien venimos a este mundo solos lo transitamos acompañados y no hay mejor manera de vivir esta vida que haciéndolo en equipo.

Cosas que hacen bien

Cuando leo o pienso en la palabra bienestar, me brinda una sensación de tranquilidad en la mente o en el cuerpo – Bien estar, estar bien – aunque no es sencillo lograrlo en nuestro día a día. 

Daniel Siegel describe en uno de sus libros, una imágen que para mi es muy poderosa: para pensar y estar en un estado que nos proporciona tranquilidad y satisfacción, habla de este estado como un “río de bienestar”. Imaginar nuestra vida diaria como una corriente natural  de agua, en la cual cada uno de nosotros viaja por el centro de la misma, por donde fluimos de manera constante y tranquila dejándonos llevar en nuestro bote o canoa, disfrutando del paisaje y recorrido. Yo suelo imaginarme en el Río Aluminé en Neuquén, el cual visité con mis amigas un hermoso, divertido y caótico viaje (un relato para otro momento, tal vez) y que me trae grandes recuerdos. ¿Cómo es la imágen que se viene a tu mente?

Bien, claro  está que en este río donde la corriente nos permite el recorrido, la misma puede  jugarnos una mala pasada si no regulamos la dirección de nuestra embarcación. Es  decir, por más que disfrutemos de esta sensación de fluidez y tranquilidad, debemos estar muy presentes porque podemos virar hacia una de las orillas donde las aguas se tornan turbulentas y nos va a costar mucho navegar, controlar la situación estar “atrapado por la fuerza de embravecidos rápidos, y eres presa de la confusión y la agitación. Necesitas alejarte de la orilla del caos y volver a incorporarte a la serena corriente del río.” (Siegel, 2012). También puede ocurrir que nos dirijamos hacia la otra orilla, donde la profundidad es escasa y el bote puede encallar. Contrario al caos, esta es “la orilla de la rigidez”. “Nos negamos por completo a adaptarnos, a transigir o a negociar. Cerca de la orilla de la rigidez, huele a agua estancada, y los juncos y las ramas de los árboles impiden que tu canoa avance apaciblemente por el río del bienestar.” (Siegel, 2012)

Es difícil mantenerse en un estado de balance continuo, ni en un extremo ni el otro, ésto requiere mucha energía y atención. Según he aprendido estas habilidades se desarrollan al contar con múltiples “instrumentos de navegación”, los que a mi me gusta llamar como esas “cosas que me hacen bien”. Estos elementos, no son específicos, no hay una guía, no son únicos. Creo que hay tantos como personas existen en este mundo. 

En mi caso, busqué, probé, he cambiado dependiendo la la etapa en la que me encuentro. Pero si hay algunas cosas que considero  básicas, que se han arraigado en mí y he hecho parte de mi rutina porque me han ayudado a navegar y me siguen brindando gran bienestar.

La primera que quiero compartir es la lectura, como Roald Dahl a escrito “Los libros le dieron a Matilda un reconfortante y esperanzador mensaje: No estás sola”. Mi mamá, abuela y hermanos me leyeron de pequeña; vinculando este hábito a mis recuerdos y emociones agradables y felices. Luego, aprendí a leer y descubrí año a año las enseñanzas que los libros traían, estos mapas de letras que me permitían sumergirme en el río del bienestar y la calma. Hoy les leo a mis hijos y ya me entusiasma ver cómo se sumergen  en el agua de las palabras, buceando mágicas historias por sí mismos.

Por eso, en cada etapa de la vida creo que la lectura es la carta naútica que nos brindan información clave para el viaje de la vida.  

Entonces decidi armar este sector  para compartir libros que han sido grandes compañeros, algunos por entretenidos, otros por sus enseñanzas y otros porque me invitaron a viajar, explorar mis emociones y reflexionar con gran avidez. 

Así que empiezo a construir esta  selección de lecturas:

¿Cuáles son los tuyos y por qué los has elegido?